En medio de todo y de nada; 12-09-05
Me despierto con los gemidos de Keith Jarret que acompañan su solo de piano en mis oídos. Miro hacia atrás. París, sin duda queda más cerca de mí que del lugar en el que estoy. Un asfalto mojado aplastado por un manto gris sin aparente final me lleva a mi nuevo Destino. Campos a ambos lados quedan engullidos por el horizonte. De tanto en tanto, algún bosque prefabricado rompe el ras de la tierra a veces en reposo, a veces con espigas; los colores se alternan. Lejos, algún campanario se asoma como si fueran vigías listos para alertar al resto de tejados a su alrededor en caso de alarma.
Si bien puedo, aunque humildemente, describir el paisaje que me acompaña, no tengo ni la menor idea de lo que me espera en unas horas cuando llegue a Bruxelles. Es a la vez atemorizador y emocionante. Aunque la verdad es que tengo muchas ganas de llegar y empezar a descubrir el nuevo decorado de mi vida.
Tras una pausa en la frontera, en una estación de servicio para camiones dejada de la mano del mundo, en el cual cometo el error de pedir un café, realizo que los días que vienen, aunque llenos de experiencias excitantes, pueden contener momentos mas horrendos que el dichoso café. Creo no obstante estar preparado y con fuerzas suficientes para abordarlos en su totalidad a diferencia del café que me he visto con la obligación de abandonar en un rincón a medio tomar.
Parece que el sol quiere darme la bienvenida mientras suena “Days of wine and roses”. Canción que me recuerda inmediatamente a tantas noches de cata en el balcón de Navas y tantos rosales con los que he tenido el placer de tropezar. En fin, de momento, el sol parece que no se atreve a salir totalmente hasta que las nubes no se hayan ido y el paisaje, poco a poco, va adoptando numerosos carteles y vallas publicitarias que me hacen pensar que debo estar tan solo a pocos kilómetros de Bruxelles: Fin de mi trayecto y me temo que de este capitulo.
Os quiero
SERGE




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