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miércoles, 16 de enero de 2008

Le soleil qui se lève et caresse les toits et c'est Paris le jour (Jaques Brel)

Paris 16-01-2008


El otro día, me vino a la cabeza una idea y es que, aunque no lo parezca, he llegado al ecuador de mi proyecto parisino. De vez en cuando, me gusta reflexionar acerca de los últimos meses vividos y me parece esta fecha bastante propicia, y aunque como dice la canción passa el temps però no l’oblit, no quisiera tentar mi memoria de colador y plasmar este “cómo se hizo” para así mismo haceros partícipes.

Para este tipo de tareas, me gusta salir a pasear, y últimamente he redescubierto el canal Saint Martin, aquel donde Amélie Poulin pasa las tardes haciendo rebotar las piedras sobre el agua.

Al salir de casa me dirijo por la rue Ordener hasta la rue Léon que atraviesa toda la Goutte d’Or; un barrio pintoresco, curioso, divertido, temido por algunos. Quizás un lugar ideal para que un blanco como yo, palie su conciencia pensando que al pasear por sus calles, se convierte en un tío que tiene totalmente asumida la integración racial capaz de mezclarse a todo tipo de sociedad y cultura olvidando quizás que lo que para mi es un mero caminar incluso un tanto exótico, para los autóctonos, puede llegar a ser una intrusión e incluso una violación de la intimidad. Recuerdo por ejemplo un sábado soleado en el que mi compañero de piso y yo decidimos ir a comer en un kebab de dicho barrio. Al terminar de comer paseamos por la calle para digerir y al rato buscamos un bar para tomar un café. En una esquina encontramos uno que nos hizo gracia. Entramos.

En el mismo instante en el que abrimos la puerta, sentí como todo el bar se callaba y centenares de ojos nos acechaban y eso que apenas habían unas cinco personas en aquel lugar. Al mismo tiempo, nuestros ojos se clavaron en la bandera marroquí colgada en la pared del fondo mientras en nuestras mentes recordábamos la visita de nuestro querido monarca en Marruecos dos días antes. Bien el caso es que no pasó nada y la amabilidad del camarero nos tranquilizó; siempre hubiésemos podido jugar la carta de catalufos antimonárquicos pero no las tengo todas de que hubiese sido concluyente.

Volviendo a mi paseo, dejo la rue Léon torciendo a la izquierda por la rue Saint Luc la cual desemboca en una plaza con una hermosa iglesia. Una vez, al entrar me sorprendieron los reflejos de colores creados por un rayo de sol abandonado convirtiendo así la nave entera en un fantástico kaleidoscopio.

Al seguir caminando cruzo por un puente de hierro forjado que llega hasta La Chapelle. Siempre me quedo fascinado por los raíles y cables que se cruzan de las estaciones de trenes creando formas geométricas formidables. Al margen del significado poético que se le ha dado a los trenes y andenes, me parece una imagen muy bella y cautivadora la de todas estas líneas rectas creando múltiples puntos de fuga. Me sucede algo parecido al contemplar las azoteas de Barcelona entrelazadas por infinidad de antenas de televisión.

Al llegar a la estación de metro La Chapelle camino por debajo del metro elevado hasta Stalingrad. En este paseo curioso bajo el metro, durante el dia se alberga el mercado de Barbès, probablemente uno de los mas baratos de la ciudad y alguna cancha de básquet. De noche es aturdidor ver la cantidad de SDF (Sin Domicilio Fijo). Alguno calentándose alrededor de una hoguera encendida en un barril al mas puro estilo del Bronx o favela brasileña, otros encuentran el calor en el fondo de una botella de ron mientras a pocos metros, otro orina al lado de unos cartones que le servirán de lecho unas pocas horas durante la fría noche: probablemente las horas mas anheladas de la jornada. Un poco mas lejos, una furgoneta reparte “une chorba pour tous” a un ciempiés humano al que se le propone trabajar más para ganar más como solución a su miseria. Y es que nunca había visto tanta pobreza en una ciudad, y lo peor: el número de clochards va en aumento. Es curioso que en un país como Francia, pionero en múltiples disciplinas que supo en su día establecer un sistema de seguridad social que protegía y favorecía sistemáticamente al más desfavorecido, no haya entendido que su sistema se ha quedado obsoleto. Y quiero ir con mucho cuidado al decir esto ya que para mí, a fin de cuentas un pequeño burgués, el sistema funciona sin mencionar que esta problemática es totalmente extensible a toda la vieja Europa.
Este escenario, no deja de ser aturdidor, y mucho más aterrador el pensar que en situaciones como la que presencio, los CRS (antidisturbios) han aprovechado para aparecer y pedir documentación o han hecho redadas en las escuelas y repatriado a tantos sin papeles de forma sistemática separando así numerosas familias.

Llego hasta Jaurés salvando la distancia donde queda el antiguo mercado de pescado romano tumba del Canal d’Ourq y cuna del Canal Saint Martin.

(Continuará…)

1 comentarios:

Anónimo dijo...

I veus? De sobte m'enyoro de París. I d'aquest passeget cap al Canal St Martin, seguint gairebé el teu mateix recorregut.

Torno a Barcelona, ja ho saps, i ara sí que és com tornar a casa.

I al març us faré una visiteta...quan ja no faci aquest fred parisenc.

Una abraçada!

Noemí