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viernes, 7 de septiembre de 2007

Si je sais ce que je vais faire, à quoi bon le faire? (Pablo Picasso)

Castellvell del Camp 7-09-2007

Hay un lugar cuyo nombre recuerdo pero no voy a citar a fin de preservar su intimidad, su virginidad, su magia y sus secretos. Deciros, simplemente que es un lugar allende a todo, un lugar amenazado por molinos quijotianos, un lugar lleno de texturas, contrastes pictóricos, un lugar que finalmente he hecho a mi medida, o mejor, que los elementos han creado a mi medida. Sí puedo añadir que, bajo mis pies: la tierra; encima: el firmamento. Alrededor el agua y la roca discurren creando sendas infinitas, la vida de los pámpanos rebosa de vino, la sombra que el verde de los bosques regala son refugios de paz. Asimismo, una plaza que reúne unos baretos; epicentro de certámenes (pseudo)políticos, (pseudo)futbolísticos, (pseudo)intelectuales, (pseudo)banales. Es un lugar en el que el tiempo,… El tiempo, si existe, es gobernado por el sol y la luna, el otoño dura lo que tarda en llegar el invierno, las cosechas deciden sobre la prisa del campesino y para los forasteros como yo, el tiempo se para.
Un camino lleva a una peregrinación extraña, inesperada, en la que se mezcla la armonía franciscana, el bienestar hospitalario y el vigor templario. Los cipreses, cual migajas en el camino, indican mi andar hasta llegar a 33 escalones de piedra. 33, no es un numero al azar o casual. Los subo.

Selah

Un lienzo oscuro manchado de estrellas se dispone. Cuerpos inertes. El yeso de las estatuas mira fijamente, atento. Una estrella fugaz enciende las velas. Luz. Empieza el espectáculo. Una nota surge de las entrañas de un piano. El aire cumple su misión de explotarla en la cripta. El palco vacío se encarga de armonizar y una sombra, de repente, cobra vida y baila dejando su rastro por la piedra de las paredes. Todos expectantes, sin esperar. Dar. Vaciarse. Mezclarse. Pintar un universo que se rige por la inestable norma de los sentimientos, de las emociones, del ritmo marcado por la respiración. No pienses. Crea. Transforma. Deja que salga hasta quedarte exhausto. Hasta que nuestros cuerpos tiemblen y caigan rendidos. El miedo a perder para siempre estos instantes es una tentación que me demuestra que magia y realidad, genialidad y locura, seguridad y vulnerabilidad, tristeza y alegría, eternidad y puntualidad son colindantes. Y de repente un torbellino me rescata justo antes de que me hunda en la profundidad de la realidad; y me voy. Respiro profundamente. Mi corazón late; hacia tiempo que no lo oía. Mi estomago se remueve; hacia tiempo que no me dolía. Un silencio se crea en mi interior, qué serenidad, qué consonancia con mi entorno. Todo se funde en una unidad. Y sucede. Todo fluye, sin preocupación, sin ansiedad, sin búsqueda; todo fluye si dejamos que fluya, todo fluye de forma perfecta, autentica, noble, sincera, pura; todo fluye por las venas que se encuentran y se entremezclan, se separan y vuelven; todo fluye y permite crear, transformar. Finalmente, todo se para. Quietud. Silencio. El momento abraza la noche hasta el amanecer sabiendo que el recuerdo al alba vencerá.

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