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jueves, 24 de agosto de 2006

No hay mas ley que la ley del Tesoro en las minas del rey Salomón (Joaquín Sabina)

Paris 24-08-06

Es realmente cur
ioso como a menudo la realidad es tergiversada por el espacio e incluso, a menudo, el tiempo. La percepción que podamos tener de las cosas, personas, entidades o comunidades queda, en algunos casos, parcialmente o incluso totalmente abolida en el momento en el que te acercas y pretendes formar parte.


Sin pretender herir los sentimientos de algunos y algunas,
voy a tratar de describiros la serie de trámites administrativos en un país que creemos moderno, social, abierto y a veces pionero pero en el que una serie de pautas burocráticas hacen de la administración francesa un tema digno de una novela de Kafka. (Procuraré, a la vez y de momento, evitar entrar en comentarios de orden político.)


Mi descripción, hay que añadir, no será del todo el detalle de una experiencia personal ya que gozo de ciertas ventajas (la nacionalidad francesa, por ejemplo) que me han facilitado todo el proceso, pero aun así, no me es difícil ponerme en la piel de un extranjero recién llegado.


El simple echo de pretender abrir una cuenta bancaria en Paris y comprarme une teléfono móvil (hoy día, lamentablemente, elementos absolutamente necesarios), me costó una jornada entera y tener que recorrer media ciudad para conseguir una serie de papeles totalmente absurdos. Lo que en mi querida Barcelona hubiese hecho en una hora aquí tuve que dedicar ocho horas de paciencia!!! Es tan complicado que rápidamente se crea un círculo vicioso y me es difícil saber por donde empezar.


Como sabéis, me traslado a Paris por cuestiones de estudio (o esto os he dicho). Bien; Para ello, necesito evidentemente un apartamento en el que vivir que a su vez requiere, por un lado, un certificado de estudios para hacerme un contrato o bien un salario tres veces superior al alquiler. Como no tengo salario, opto por el contrato de estudiante. El problema es que este certificado lo obtendré en octubre al hacer la matricula. Así que esta cuestión ya me requiere una serie de llamadas a profesores y secretaria del conservatorio y unas idas y venidas pesadas, ya que la dirección de la escuela está de vacaciones.
Finalmente, tras insistir y llorar un poco conseguí lo que quería. Por otro lado, como os decía es imprescindible una cuenta bancaria para poder domiciliar todos los gastos. Sin embargo para ello, debo o bien vivir o bien trabajar en el barrio; mala suerte… no hago ni una ni otra ya que, justamente, busco piso. Y para abrir una línea telefónica, también necesito una cuenta bancaria y una factura de electricidad; – estáis locos o que!!! no tengo nada de esto!!!! – A falta de ello, tuve que ir al Banco de Francia a buscar un certificado que de fe que no soy moroso en Francia. Esto si: puedo tener mis cuentas españolas embargadas, la mafia italiana y rusa tras de mi, y deber una fortuna a Hacienda. Ahora bien, si en Francia no debo un duro… Pas de problèmes. Un poco estúpido ya que si tenemos en cuenta que nunca he vivido en Francia, no me es difícil estar en paz con el estado galo.


A toda esta peripecia, podríamos añadir toda una sucesión de detalles que, por amor a todos vosotros, me ahorraré.


Os diré que mis operaciones logísticas avanzan aunque lentamente y esta primera etapa llega a su fin. Sin embargo no entraré en detalles conclusivos a fin de mantener la intríngulis y hacer que esperéis la próxima entrega de Barcelona State of Mind.


Os quiero
SERGE


1 comentarios:

Anónimo dijo...

Oye y porqué pusiste esa frase de Sabina, qué tiene que ver con toda la tramitología francesa? De hecho yo nunca la he entendido, cuál es la ley del tesoro????